Escaramuza en Montesclaros. Año 1821.

Monasterio de Montesclaros

Durante el llamado «Trienio Liberal» (1820-1823), operaron por Campoo algunas partidas a las que los liberales constitucionalistas denominaban facciones. Esta es la crónica aparecida en dos medios de comunicación de aquellos tiempos, en los que se relata un enfrentamiento habido en el Monasterio de Montesclaros, entre voluntarios de la Milicia Nacional de Reinosa, y una partida de Realistas de Castilla comandada por «El Farolero de Herrera».


Crónica del «Diario Constitucional de Barcelona», del día 22 de enero del año 1821.

El día 4 llegó a Reinosa la noticia de que en Montes-Claros(1) había siete ladrones y entre ellos el famoso Farolero de Herrera. El comandante de la milicia quiso y aun dio orden de enviar una partida por la noche; pero viendo que un temporal terrible impedía aún la salida de casa , lo suspendió con ánimo de hacerlo después, si el tiempo lo permitía. Esta suspensión inflamó el entusiasmo de los milicianos, y sin dar lugar a que se serenarse, se ofrecieron a marchar veintiún voluntarios de infantería, y siete de a caballo, bajo las órdenes del teniente de infantería, don José Barona y don Andrés Ochagavia. Al amanecer llegan al convento, cércanlo, y empieza un fuerte tiroteo. El tambor de esta compañía aterra los montes con sus redobles, y los malhechores atemorizados buscan la fuga; pero en vano. El Farolero quedó atravesado de una puñalada por don José del Hoyo, quien después de haberse tiroteado bien de cerca, echó mano de la arma blanca otro bandido salió con uh balazo en el pescuezo por don Juan Ochagavía; cuatro han quedado presos, y éstos y un lego de aquel convento preso también, son los que acaban de entrar con la partida, que ha recibido mil vivas del vecindario. Por nuestra parte no ha habido la mas pequeña desgracia.

(1) El convento de Montes-Claros , que está situada en una posición formidable en lo mas fragoso y elevado de un monte, dista dos leguas de Reinosa, y a lo áspero del camino se agrega, que para llegar a él , se necesita atravesar el Ebro y varios arroyos  que pueden considerarse otros tantos ríos en el tiempo en que los atravesó la milicia nacional de aquella villa.

Diario constitucional de Barcelona: Número 22 – 1821 enero 22


Crónica de «El Universal- Madrid» del día 2 de febrero del año 1821.

Deseosos los editores de dar a conocer los rasgos patrióticos de sus conciudadanos, y principalmente los de la milicia nacional, que seguramente supera las esperanzas que se formaron de ella, ya va dando pruebas de que ha se salvar la patria, aniquilando a cuantos enemigos interiores se presenten en sus respectivos distritos, no se violentan para publicar en extracto el hecho de que han hablado ya con demasiada concisión. Ceden pues, gustosos a la súplica del Ayuntamiento Constitucional de la Villa de Reinosa; porque enterados de la tipografía de dicha villa, de Montesclaros, y de los demás puntos que se citan, conocen el valor que se necesita para vencer tantos obstáculos como superaron sus milicianos. El extracto, es como sigue:

Reinosa y enero 12 de 1.821
En la tarde del cuatro del corriente, llegó a esta villa la noticia de que ocho facciosos de la partida titulada Realistas de Castilla, que había sido derrotada en Olleros, se hallaban refugiados en el convento de dominicos de Nuestra Señora de Montesclaros, posición verdaderamente formidable, a dos leguas de distancia de este pueblo. Nuestro benemérito alcalde constitucional y comandante de la milicia nacional Don José de Argüeso, tomó inmediatamente todas las disposiciones necesarias para que un destacamento de esta milicia fuese en su perseguimiento. Pero era tan horroroso el temporal de aguas y vientos que hacía días se experimentaba, ocasionando la más espantosa avenida en los ríos y arroyos que circundan esta villa, que todos graduaban de temerosa la empresa. A pesar de un riesgo tan eminente, se ofrecieron voluntarios 21 milicianos a las órdenes del subteniente de infantería retirado y teniente de la milicia local Don José María Varona, y a la una de la mañana emprendieron su marcha, entonando con el mayor entusiasmo himnos patrióticos; pero al poco rato se aumentó la oscuridad y el temporal en tales términos, que a pesar de ser prácticos en el camino por las frecuentes romerías que anualmente se celebran en aquél  santuario, vagaron sin dirección conocida, caminando más de media hora con el agua a las rodillas, hallándose al cabo de mucho tiempo en el lugar de Requejo, un cuarto de legua de este pueblo. Por los bultos se hizo el recuento de la gente, y se advirtió que faltaban tres hombres, que unánimemente se creyeron ahogados, sin que esto fuese obstáculo para retraer a los demás de su valeroso intento.
Viendo que por las vegas era imposible el paso, se dirigieron a costa de un gran rodeo, por la sierra llamada del Coco, y superando obstáculos y trabajos imponderables, llegaron casi exánimes al molino de Medianero, en donde les dieron el quién vive, y pasando a su reconocimiento, hallaron con tanta sorpresa como satisfacción, ser los tres compañeros que creían perdidos. Este feliz hallazgo, redobló su entusiasmo, y pasando el Ebro por el puente de Arroyo, y los raudales contiguos con un peligro manifiesto, llegaron al romper el día al molino llamado de los frailes, a un cuarto de legua del convento, cuyo molinero dijo haber visto los ocho facciosos, pero que ignoraba si estarían en el convento o en la hospedería, que son dos edificios grandes y separados. Esta circunstancia, y el ver malograda la sorpresa que intentaban hacer de noche, obligó al comandante a concertar un nuevo plan de ataque, dividiendo sus cortas fuerzas en dos mitades, y tomando otras disposiciones verdaderamente militares, que hacen honor a los conocimientos adquiridos por este joven en la última guerra con Francia, a los de su segundo, el subteniente Don Andrés Ochagavia, y a la bizarría de sus valientes compañeros de armas; pues para circunvalar y ocupar los puntos de huida de ambos edificios, le fue forzoso prolongar la linea, en términos que solo presentaban cuatro hombres de frente en los más arriesgados, habiendo antes concertado las señales que se habían de hacer y concurrir al punto amenazado, En efecto, no solo tuvieron que batirse por el lado del convento, sino que también por el de la hospedería, en cuya acción hubo acontecimiento de valor y pericia militar, que harían honor a las tropas más aguerridas.
Según la detallada relación que se ha dirigido a la superioridad por el jefe político de la provincia, el resultado ha sido que de los ocho facciosos, cuatro fueron conducidos a esta villa, los dos heridos, otros dos que lo fueron igualmente, lograron esconderse en lo más escabroso del monte, y los dos restantes, no pudieron hallarse por más que se registró tanto el convento como la hospedería, pues siendo ya la una de la tarde se resolvió la retirada para calmar el sobresalto y ansiedad en que habían quedado las familias de estos valientes.
El día siguiente, salió otra partida de caballería, a las órdenes del alférez Don Rafael de Bustamante en perseguimiento de los cuatro restantes, y habiendo sabido que uno de ellos se encontraba gravemente herido en Cubillo de Ebro, refugiado en la casa del cura, la sorprendieron y se apoderaron del herido, sabiendo por él, que los cabecillas “Farolero” y “Cortador de Burgos” habían pasado heridos hacía dos días, siendo imposible saber su paradero, se retiraron con el reo a esta villa, donde se le sigue la causa, como a los otros cuatro compañeros.
Los valientes milicianos que componían el primer destacamento, son; El subteniente de infantería retirado y teniente de la milicia nacional Don José María Varona; el subteniente Don Don Andrés Ochagavia; los sargentos segundos Don Calisto de la Mora y Don Cipriano Díaz; los cabos segundos Don Santos García del Barrio, Don José del Hoyo, Don Juan Obeso, Don Juan Ochagavia y Don  Miguel Gutiérrez Dosal; los milicianos Don Andrés González Varona, Don Ramón Ayalza, Don Manuel González, Don Manuel Macho Fernández, Don Casimiro Zayas, Don Gabriel Fernández, Don Bernardo Toca, Don Juan Fernández, Don José Baillo, Don Hilario Pernol, Don Pedro Mata, Don José Chicumberri, Don Pedro Alejandro Malcotán (tambor).
Y de caballería, el alférez Don Rafael de Bustamante; el cabo segundo Don Pedro García de Obeso; el patriota Don Francisco Serrano; los milicianos Don Máximo Bores, Don Miguél Camaleño, Don Juan Sáiz Lastra, Don Francisco Casariego y Don Manuel Gutiérrez.

El Universal (Madrid. 1820). 2/2/1821, n.º 33. (4 páginas).

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