Las Ferias de Reinosa. Año 1909.

Artículo sin firma, publicado el 25 de septiembre del año 1909 en el Nº 17 de «Letras Montañesas» En que se hacía referencia a la necesidad de impulsar las ferias y los recursos naturales de Reinosa para potenciar el turismo.


Reinosa, la ciudad de las nieblas, la hermosa villa campurriana donde Bonafoux encontró correspondencia a sus amores y Sánchez Díaz la musa inspiradora de su delicadísima «Balada»; la noble villa perezosamente tendida sobre la verde alfombra de sus valles, parece despertar en estos días de la placidez de una siesta veraniega, durante la cual ha realizado excursiones a través de sus valles, a lo alto de sus montañas, a lo largo de sus hondas cañadas, por donde la niebla, vergonzosa, todas las mañanas huye monte arriba. Durante los meses pasados, cientos de veraneantes han recorrido con delicia sus alrededores, aspirando afanosos la perfumada brisa de sus campos, llevando una nota pintoresca a la policromía de sus hondonadas y laderas. Y acaso alguna de estas señoritas aristocráticas, al caminar hacia Fontibre, o hacia Bolmir, o hacia Retortillo, haya tenido la suerte, como aquella su compañera femenina de “el genio alegre”, de alegrar la vida de algún pobre campesino, que enderezaría su cuerpo para verla desfilar menuda y bulliciosa, rompiendo el cristal de aquellos valles con el cascabeleo argentino de su risa… ¡Bendita ella mil veces si tal logró con el solo encanto de su presencia!
De las poblaciones del interior, no habrá, probablemente, otra villa que reúna para el veraneante tan magníficas condiciones. Situada en la parte meridional de la provincia, en lo alto de los Pirineos Cantábricos, a 850 metros sobre el nivel del mar, tiene sus pies bañados por el Ebro, por ese río de leyenda que parece venir a nosotros desde un ventisquero del Himalaya, para brotar, manso y apacible, con rumores de égloga, en ese pueblo de Fontibre, que parece arrancado a un nacimiento de Noche Buena. Las excepcionales condiciones que esta villa campurriana reúne, su hermoso y saludable clima, sus exquisitos productos alimenticios y, sobre todo, su incomparable paisaje han hecho de Reinosa punto favorito del veraneo, siendo varios centenares de familias las que anualmente llenan fondas y hoteles, y ocupan chalets, y, en una palabra, invaden cuanto Reinosa tiene disponible, y es mucho, para recibir a sus huéspedes. Entre las excursiones favoritas de los veraneantes, están las que realizan a los monumentos y ruinas diseminados por los alrededores de Reinosa, y que prestan, a la par que motivo de contemplación y de estudio al aficionado, anchuroso campo a las divagaciones artísticas de aficionados y curiosos. Entre aquellos lugares visitados está la Colegiata de Cervatos, la de San Martín de Elines, las iglesias de Retortillo y otras varias; los castillos de San Martín, Argüeso, La Costana, Navamuel, etcétera; torres de Proaño, y otras antiquísimas; sepulcros, ruinas, inscripciones, puentes, restos de viaductos, conventos, campamentos y antiguas ciudades, diseminados por los pueblos de Aradillos, Fontecha, Fombellida, Retortillo, Servillejas, Montes Claros, Entrambasaguas, Villar, Bolmir y otros cuya enumeración sería por demás enfadosa. Con tan variados elementos, Reinosa tiene su veraneo sumamente concurrido, lo que presta a la villa una animación y un encanto grandes. Como complemento, las funciones de teatro, los bailes de salón, las veladas y conciertos en el paseo do Cupido y en la Plaza, ayudan a pasar el tiempo muy agradablemente. Justo es confesar que los reinosanos no se han percatado hasta hace muy poco de la gran importancia que como fuente de riqueza tiene el veraneo en Reinosa. Hay cien sitios de veraneo en el extranjero que darían algo, y aún algos, por reunir un clima tan saludable, una situación tan apacible, unos puntos de excursión y de recreo como esa villa montañesa, que se alza en lo alto de la cordillera cantábrica. De esta certeza es preciso saturar los espíritus y los corazones de los reinosanos todos, para que no duerman las apacibles siestas tan confiados, sino que, vigilantes, cuidadosos del tesoro natural que les está concedido, discurran y trabajen en todo momento en la nobilísima tarea de acrecentarlo. Con poco esfuerzo, con un poco de cariño, de buena voluntad por parto de todos, Reinosa verá duplicar y aun triplicar muy pronto el número de sus visitantes anuales. Con sólo tomar en cuenta la proporción en que los veraneantes han aumentado durante los últimos años, se puede venir en conocimiento de lo que sería si una entidad cualquiera de Reinosa se propusiera fomentar el veraneo, buscando todas las combinaciones y comodidades que hoy se ofrecen por todas partes al turista. Si eso se hiciese, Reinosa sería la Suiza española, y a ella concurrirían cuantos por necesidad o por curiosidad tienen la costumbre de ir a veranear fuera de los puertos de mar. Tiene, además Reinosa, fuera del veraneo, otro elemento que ha venido hasta hoy siendo el principal, pero quedará relegado muy luego al segundo término si aquél lleva el rumbo de progreso que necesita. Nos referimos a los mercados y ferias de ganados. Los mercados se celebran en Reinosa todos los lunes, y las ferias los primeros y terceros de cada mes, acudiendo a unos y otros multitud de traficantes en busca de productos y ganados con que después abastecer las principales ferias y mercados de la provincia y limítrofes. Pero con ser buenos, y verse muy concurridos, las ferias y mercados citados, todos ellos desaparecen cuando llega la feria de Santiago (25 y 26 de julio), en la que suelen presentarse hasta 15.000 cabezas de ganado lanar, cabrío, de cerda y vacuno, y la de San Mateo (21 al 28 de septiembre). Esta feria de San Mateo es verdaderamente excepcional, y de fama tan extendida por España entera, que lo mismo vienen compradores de las mesetas castellanas que de Extremadura. La concurrencia de ganados es verdaderamente enorme, especialmente en ganado caballar y mular, en cuyas clases se hacen miles de transacciones. Una estadística completa del ganado que entra en estas ferias, y del importe a que ascienden las ventas hechas, quizá diese mejor que nada una idea de la enorme riqueza que afluye a Reinosa en estos días de las ferias de San Mateo. Las fotografías que acompañan a estas líneas, hechas por el notable artista don Julio G. de la Puente, dirán algo a nuestros lectores de la importancia de aquéllas. Por los datos apuntados se ve que si Reinosa, por su magnífica situación, reúne inmejorables condiciones para el veraneo y el turismo en grande escala, por ser centro de una extensa y riquísima región ganadera ha conseguido que sus ferias sean conocidas y apreciadas en toda España, y que a ellas acudan los compradores por centenares, suscitando casi un conflicto para su alojamiento en la villa. ¿Qué de extraño tiene, pues, que ante esas realidades, algunos reinosanos hayan pensado en fomentar ambas fuentes de riqueza, de manera que se complementen y ayuden? Días pasados recogía estas impresiones un redactor de nuestro colega “El Cantábrico”. Y al trasladar la conversación tenida con varios entusiastas de su pueblo, proponía que se formase una Junta de vecinos encargada de la organización en Reinosa de un programa de festejos amplio y variado, que no solamente contentase a los asiduos veraneantes, sino que fuera capaz de traer otros nuevos que de esta manera conocerían la villa y la elegirían, seguramente, para su residencia veraniega. Ello es tanto más factible cuanto que, dentro de poco, la traída de aguas será un hecho, y con ello habrá ganado Reinosa muchísimo en el camino que le falta por recorrer. La higiene, que hoy no puede ser más satisfactoria, crecerá aún más, y este nuevo elemento colocará a la villa en disposición de competir ventajosamente con otros pueblos que hoy, por cuestiones de moda, absorben la atención universal. Claro está que todo esto no se consigue en un día, sino que es necesario trabajar con asiduidad y constancia. El esfuerzo a realizar no es muy grande, y sólo requiere un poco de buena voluntad por parte de todos, sin distinción de matices, porque todos los reinosanos por igual están interesados en que su pueblo prospere y alcance el grado de esplendor a que tiene derecho. Este año, las ferias de San Mateo se han celebrado con una animación extraordinaria. La feria de ganado mular y caballar, importantísima siempre, lo ha sido este año mucho más, tanto por la cantidad y calidad de ejemplares presentados, como por el precio que han alcanzado las cotizaciones. Esto último lo atribuyen algunos a la extraordinaria demanda que con motivo de la campaña de Melilla existe; pero, sea o no esa la causa, es lo cierto que los precios han sido elevadísimos, y que los ganaderos han tenido ocasión de ver bien recompensados sus esfuerzos. En cuanto al ganado vacuno, ha concurrido también muchísimo, sosteniéndose igualmente las cotizaciones a precios elevados. Aparte de los interesados directamente (vendedores y compradores) , las ferias de San Mateo han llevado a Reinosa una gran cantidad de forasteros, en honor de los cuales se habían organizado algunos festejos, no muchos, en verdad, porque el presupuesto no consentía grandes estirones. Veladas, fuegos artificiales, bailes, teatro… Y aquí vienen nuevamente a la pluma las consideraciones antes apuntadas respecto a la constitución de una Junta de vecinos encargada de organizar un variadísimo programa de festejos. Las exigencias de la gente van siendo cada día mayores, y ya no se puede contentar a los turistas con bailes de dulzaina y tamboril. Cuando por el mismo dinero dan más en otros sitios, es una candidez creer que han de ir a donde den menos. Nosotros esperamos confiadamente que para el año próximo Reinosa tendrá esa comisión organizada, y con ella un variado programa de festejos. Es necesario, además, prestar ayuda y fomento al turismo, organizando excursiones, facilitando el acceso a puntos donde la Naturaleza, soberbia en su desnudez primitiva, no ha tenido la atención de construir una carretera, ni siquiera un camino peonil que permita un poco cómodamente la contemplación de las bellezas existentes, y hacer, en una palabra, todo aquello que las exigencias de la vida moderna demandan, para que el veraneo en Reinosa llegue a constituir la piedra angular sobre la que se asiente su futura prosperidad mercantil. Esto, por lo menos, es lo que nuestra buena voluntad desea. Los pueblos, y los pueblos como Reinosa sobre todo, no pueden quedarse dormidos sobre sus laureles de un día. Necesitan evolucionar constantemente, poniéndose al unísono de la vida, que cambia sin cesar, trayendo con cada día nuevas complicaciones y exigencias. Pueblo que no siga esta marcha; pueblo que se detenga en volver la vista atrás, recreando su espíritu en lo que fue y queriendo hacer de sus pasadas glorias ejecutoria de vida presente, es pueblo muerto. Y el público ha llegado ya a ser bastante irrespetuoso con todos los cadáveres, por muy adornados de blasones que vayan a la tumba. Creemos que bastará con lo dicho para que todos puedan formarse una idea, no solamente de la importancia industrial y mercantil de Reinosa, de sus excepcionales condiciones como punto de veraneo, sino también de cuánto es posible mejorar todas aquellas condiciones y aumentarlas hasta un grado de florecimiento que hoy no es dado prever. Para lograr este resultado, como para otros muchos, no se necesita más que buena voluntad, y esa no creemos que le falte a los reinosanos, porque ya en otras ocasiones han dado pruebas de poseerla en alto grado. Y si ello es así, si poseen ya la palanca poderosísima de la voluntad, poca cosa les falta: un momento de decisión, una chispa de entusiasmo que encienda en el espíritu de todos y les aliente y sostenga en el camino a recorrer. Nosotros, entusiastas sinceros de esa villa campurriana, amantes de su prosperidad como de la Montaña toda, rendimos este pequeño homenaje a sus méritos, en la seguridad de que los hechos posteriores han de hacer que nuevamente ocupemos nuestras columnas con un canto a su prosperidad. El alcalde actual, don Mariano Rodríguez, y sus dignos compañeros de Corporación; los comerciantes, los industriales, los particulares todos, deben ponerse de acuerdo en este asunto.

Este artículo, venía acompañado de algunas fotografías de Julio García la Puente, que aunque al ser tomadas de la digitalización de la revista carecen de calidad, considero conveniente añadirlas a la publicación.


Letras montañesas. 25/9/1909, n.º 17, página 5.

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